Casi 18. (Completo)

En mi larga vida de reflexión, cuestiones y pensamientos tanto útiles como tormentosos, curiosos e interesantes, he tenido la oportunidad de aprender innumerables cosas. Últimamente, y casi llegando a la “mayoría de edad”, he concluido aún más.

A veces hay cosas que nos ponen en la cabeza y que nunca cuestionamos, que creemos que realmente son y funcionan así pero, hasta que un suceso nos impacta, podemos darnos cuenta que estábamos en lo incorrecto. Quiero suponer que se debe a la sociedad y cultura en la que vivimos, nos implantan ideas y conceptos todo el tiempo, inclusive sin darnos cuenta. Cumplimos un rol en todos los círculos a los que pertenecemos, siendo adolescentes, en la escuela, con nuestros amigos y en nuestros hogares; hacemos y cumplimos tareas que a veces no nos satisfacen a nosotros mismos, sino por seguir siendo aceptados y sentir que pertenecemos a algo, a alguien, a un grupo. También descubrí que el lugar a donde nosotros debemos pertenecer está dentro de nosotros. Y, cuando decidimos (si es que lo hacemos) pensar diferente y/o revelarnos, nos volvemos marginados, excluidos.

Los errores humanos son inevitables y, créanme, hace mucho me dejé de quejar por equivocarme porque algo imperfecto no puede crear perfección (Descartes) pero también me he dado cuenta que hay errores y dolores completamente evitables que siempre nos podemos ahorrar, vamos a toparnos gente que nos lastime, pero como decía Confucio “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”, aún me sigue costando trabajo entender y aplicar tal, los humanos tendemos a abrirnos heridas y “echárnos limón”.


También, juzgar sin conocer no sirve de nada, porque eventualmente nos topamos con alguien que nos hace ver las cosas diferentes, y también porque nosotros queremos verlas diferentes, ese día en el que abrimos los ojos y aceptamos que también nosotros tenemos márgenes de error y no tiene absolutamente nada de malo es cuando nuestra vida comienza a fluir sin tantos tapujos.


Todo en esta vida es cuestión de voluntad, no conozco algún caso que sea realmente un “no puedo” si no es un “no quiero” y siempre hay más razones, aparte de la terquedad, como el miedo y la incertidumbre ante lo desconocido, ante salir de tu zona llena de luz y calor y pasar a un lugar en el que te sientes a ciegas, hincado ante lo desconocido. Dicen que cuando salimos de nuestra zona de confort es cuando se comienza a vivir, pero yo creo que aún así, nunca se debe de olvidar de dónde se viene.


Igualmente, aprendí que el tiempo efectivamente es relativo: los amores pueden llegar por sorpresa o esfumarse en una noche; grandes amigos pueden convertirse en grandes desconocidos y que, por el contrario, un desconocido puede convertirse en alguien inseparable. “El ‘nunca más’ jamás se cumple y que el ‘para siempre’ siempre acaba.”
A pesar de lo anterior, me doy cuenta de lo afortunados que somos todos nosotros por el simple hecho de estar vivos, por el hecho de poder levantarnos todas las mañanas y tener una nueva oportunidad de ser alguien diferente, de cambiar el “ojalá pase” a un “voy a hacer que pase”. No me dejarán mentir: siempre hay momentos en los que nosotros mismos somos nuestro propio Sistema de Tormento Personal pero también he aprendido a que esos momentos revelan a tus verdaderos amigos, y no por cuestión de antigüedad, sino por cuestión de lealtad y amor, aquellas personas que sabes que el mundo puede derrumbarse pero voltearás y ahí estarán. Estoy segura que han pensado en alguien en esa escena en este momento.


Para finalizar, me di cuenta que siempre se debe de decir lo que uno siente y piensa: ¿Quieres gritar que quieres a alguien? ¡Hazlo! ¿Quieres expresar tu dolor o tu emoción? ¡Exprésalo! Vida sólo hay una y, como me dijo un buen amigo el otro día: tan sólo tenemos 18 años y me parece que eso aplica para todas las edades. Mientras haya vida, hay solución y, mientras hay voluntad, hay esperanza.

-Isabela

Carta a un amor

"Sí,lo amo". Seguramente esas hubieran sido mis palabras si hace unas horas me hubieran preguntado qué sentía por ti.
Pero es impresionante como unos minutos,unas palabras o el simple silencio puede cambiar las cosas en menos de lo imaginado.
¿Lo que yo buscaba? Tu amor,tu comprensión,tu dulzura. Mi intención sólo era borrar esos amargos recuerdos de mujeres pasadas que te hicieron doler el corazón.
Pero tú te quejabas de mí,como si yo hubiera clavado una espina en tu pecho por siempre,como si mi amor te hubiera corrompido y amargado.
Hoy,decido irme. Y me voy sabiendo que estoy satisfecha con la mujer y persona que soy,que di más de la cuenta contigo.
Lamento haberme dado cuenta de todo esto tan tarde,tarde para mí,al menos porque “el tiempo es relativo”.
A partir de hoy,todo cambia,ya no hay vuelta de hoja. Ya no seremos “tú y yo” ahora “tú” y “yo” va separado. Tal vez porque la combinación de nosotros dos no es benigna,tal vez funcionamos mejor separados.
Me voy,sabiendo que algún día en unos años te encontraré y me dirás “nunca debí de haberte dejado ir” y no lo digo por orgullo,ni soberbia. Sino porque dejaste ir algo que pudo ser y no fue porque el universo conspirara en tu contra,sino tú conspiraste contra ti. Te deseo lo mejor,seas quien seas,vayas a donde vayas,estés con quién estés.
Lo lamento,principalmente por mí,porque me dañaste. Confío en mi pronta recuperación y en tu pronto olvido.

-Isabela, 2013.